"Uno/a nunca abandona los espacios donde
ha vertido las palabras, puede que no esté allí físicamente, pero las palabras
permanecen".
A todas las personas que se pierden en mis letras sin métrica, escritas tal cual salen de mis teclas, sin correcciones ni rima, sin que coincidan los fonemas. Deciros que voy por azar encontrándome con mis limitaciones para componer poemas, que no intento nada, que este sólo es mi punto de fuga, por el que llego a las zonas más ocultas de mi alma.
jueves, 9 de mayo de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
Despedida
Desde mis días te despido.
Me voy por la vida con tus cenizas.
Quedan tus pisadas esquivas
donde nacen las lilas.
En el tacto de una piedra
En la placidez de la tarde.
Donde tú regresaste aquel día
Donde quise escribir un poema.
Dejaste escrito tu silencio
en los surcos de mis manos
En donde prometiste un regreso,
y pusiste un poco de vida.
El tiempo, rompe el mismo tiempo,
haciendo hilos en el medio del bosque.
Las piedras dejaron surcos en los ríos,
y regresé para borrarlos.
Apartándome de tus ojos
quemé mis noches.
Atardeció… y herida caminé
de regreso… a la deriva.
Sólo son cosas mías
sábado, 27 de abril de 2013
Que duele el aliento
Hay días que aturden el alma,
que aprietan como cuerdas muy prietas.
Hay días que sólo la muerte sería consuelo.
Los hay sin secretos, que el cielo no existe,
que duele el aliento!
Hay días sin brisa ni afectos.
Que sólo la soledad es consuelo.
Hay horas que no existen los besos,
que la compañía entristece!
Hay horas mejor sin amores...
Hay momentos sin puerta a la lágrima
que lavan el alma putrefacta de mierda...
que aprietan como cuerdas muy prietas.
Hay días que sólo la muerte sería consuelo.
Los hay sin secretos, que el cielo no existe,
que duele el aliento!
Hay días sin brisa ni afectos.
Que sólo la soledad es consuelo.
Hay horas que no existen los besos,
que la compañía entristece!
Hay horas mejor sin amores...
Hay momentos sin puerta a la lágrima
que lavan el alma putrefacta de mierda...
Sólo son cosas mías
jueves, 25 de abril de 2013
El amor es mujer
Aquí paro mí tiempo de palabras,
donde dejé mi sangre.
Al no poder atravesar esta ventana
cierro los brazos.
Colgada de un beso, soy feliz,
porque no cambió nada.
Porque el amor es mujer
y da tregua.
Me voy de puntillas
recordando aquel día
en que sepultamos las rosas
desperdiciando semillas
en tierra infértil.
¡Que inútiles fueron mis pechos tibios!
bajo aquel árbol ardiente
Detengo aquel
atadercer,
para no
morir de tristeza
por la flor que se marchita.
Al tocar la muerte con los dedos
aprendo a mirarme a mi misma
y lo que me rodea.
a vivir el pasado, aprender,
añorando aquel sitio,
del brazo de un hombre
con su palabra en la mano
por el sendero amarillo.
Y sigo adelante mientras
sentada en la piedra
veo correr el rió,
y caer la tarde.
Sólo son cosas mías
domingo, 7 de abril de 2013
Yo no sé de olvido
Sigo buscándote, rastreando el pasado.
Vale que no he sido lo que yo he sentido.
Pero...no vale lo que tú has vivido.
Vale que no he sido lo que yo he sentido.
Pero...no vale lo que tú has vivido.
¡Yo no sé de olvido...
Yo escribo a un vivo!
No es amor, es algo parecido.
Yo escribo a un vivo!
No es amor, es algo parecido.
Acontecimiento lejano que inmoviliza el paisaje
que estalla en música, alterando la atmosfera,
convocando la lluvia.
que estalla en música, alterando la atmosfera,
convocando la lluvia.
Sellamos una tarde serena.
La vida estaba toda allí, y no en otra parte.
Tenia nombre de canción...
La vida estaba toda allí, y no en otra parte.
Tenia nombre de canción...
Fue un instante sin fin
Carecía de ayer, carecía de mañana...
Sólo atardecía a la ladera del río.
Carecía de ayer, carecía de mañana...
Sólo atardecía a la ladera del río.
Rodeaste de alambres aquel día
Hiciste correr sangre en lo que sentía
Y sin embargo, contrariamente, fuiste para mí, la máxima libertad que me ha sido concedida.
Hiciste correr sangre en lo que sentía
Y sin embargo, contrariamente, fuiste para mí, la máxima libertad que me ha sido concedida.
En una tarde de agosto nos quisimos.
La puesta sol y los pinos, pararon el tiempo contigo
No pudimos oponernos a la vida.
La puesta sol y los pinos, pararon el tiempo contigo
No pudimos oponernos a la vida.
Gozamos de las mismas notas,
miramos el fuego en el horizonte que explotó en nuestros cuerpos
No sobrevivimos, renacimos...
miramos el fuego en el horizonte que explotó en nuestros cuerpos
No sobrevivimos, renacimos...
Los años han ido pasando y sin embargo, ya ves, sigo
recordando
Estás siempre en el agua de aquel rio.
Estás siempre en el agua de aquel rio.
Sólo son cosas mías
domingo, 31 de marzo de 2013
A deshora
No me quieras a deshora
Déjame crecer sola
que a veces me visto de olvido
No duele la sangre cuando chorrea,
aunque lleguen con más fuerza los recuerdos
desde los días incoloros.
No siempre el amor es generoso;
cuando llega de un modo represivo,
puede desgajar la autonomía.
No me quieras de esa forma
misericordiosa que absuelve,
porque la sangre también respeta
No hieras cuando mires desde tu esquina.
No dejes caer el aguijón de los supuestos
porque el amor puede ser un simulacro.
No me quieras a deshora.
No me quieras de esa forma.
Quereres que mueren al decirlos
faltos de humildad y placidez…
que mueven furiosamente la arena
No me quieras a deshora.
Sólo son cosas mías…
Déjame crecer sola
que a veces me visto de olvido
No duele la sangre cuando chorrea,
aunque lleguen con más fuerza los recuerdos
desde los días incoloros.
No siempre el amor es generoso;
cuando llega de un modo represivo,
puede desgajar la autonomía.
No me quieras de esa forma
misericordiosa que absuelve,
porque la sangre también respeta
No hieras cuando mires desde tu esquina.
No dejes caer el aguijón de los supuestos
porque el amor puede ser un simulacro.
No me quieras a deshora.
No me quieras de esa forma.
Quereres que mueren al decirlos
faltos de humildad y placidez…
que mueven furiosamente la arena
No me quieras a deshora.
Sólo son cosas mías…
martes, 12 de marzo de 2013
Magdalena
Tenía unos hermosos ojos con mirada cálida, hoy gastados por mirar por dos pues también sirvieron para su madre ciega. Se llama Magdalena. También le dicen loca cuando alguien mira su cuerpo desnudo de cintura para abajo. Mujer invisible que ya nadie ve. No la captaron las miles de cámaras que lanzaban destellos a la gente vestida de fiesta.
Magdalena ya no siente pudor, o siente un profundo desprecio por todo, al mostrar su cuerpo viejo (antes esbelto y delicado) ante quienes la ignoramos. Simplemente camina por la ciudad como por la casa que no tiene, regalando monedas a quien le hace sentir pena, porque le conmueve cualquier gesto o señal de invalidez física, desconociendo que esa persona no mendiga.
Ella, Magdalena, se da gran placer al mear de pie en cualquier plaza, sabe que es invisible, que puede hacer lo que quiere. Se ríe de nosotros, ella sabe mucho de sueños rotos y prefiere ser “loca” eligiendo las estrellas por techo, el frío por manta y la lluvia por colchón, escapando de cárceles calientes que le ofrecen los servicios competentes. Ella ama la calidez del rocío de la mañana al despertarse, que lava su cara.
A Magdalena, le gusta compartir su cartón de vino con los borrachos a los que les tiemblan las manos, pasear con los yonkis, reírse de nosotros porque sabe que nadie la mira, ella no es importante, no gasta “Chanel”, no consume más que el aire que respira,
no tiene caricias, sólo miradas indiferentes y ciegas que le regalan el placer de la libertad.
La recuerdo desde siempre, paseando las calles del brazo de su madre vendiendo cupones de lotería. Era una mujer “normal”, pero la vida la dejó indefensa, tanto, tanto…que ya no le importa nada, sólo su gente, la que como ella no tiene nada, que al mismo tiempo disfrutan ante la carencia de una maleta llena y pesada que no vale para nada, sólo para doblar la espalda que impide volar por lo más alto, aunque esto implique la más grande miseria, de la que por mucho que lo intentemos nunca ningún ser humano nos vamos a escapar.No siento pena por ella; vive como quiere, hace lo que más le gusta, no tiene jaula. Ella vuela por mi ciudad, sin que nadie la vea.
Sólo son cosas mías…
Magdalena ya no siente pudor, o siente un profundo desprecio por todo, al mostrar su cuerpo viejo (antes esbelto y delicado) ante quienes la ignoramos. Simplemente camina por la ciudad como por la casa que no tiene, regalando monedas a quien le hace sentir pena, porque le conmueve cualquier gesto o señal de invalidez física, desconociendo que esa persona no mendiga.
Ella, Magdalena, se da gran placer al mear de pie en cualquier plaza, sabe que es invisible, que puede hacer lo que quiere. Se ríe de nosotros, ella sabe mucho de sueños rotos y prefiere ser “loca” eligiendo las estrellas por techo, el frío por manta y la lluvia por colchón, escapando de cárceles calientes que le ofrecen los servicios competentes. Ella ama la calidez del rocío de la mañana al despertarse, que lava su cara.
A Magdalena, le gusta compartir su cartón de vino con los borrachos a los que les tiemblan las manos, pasear con los yonkis, reírse de nosotros porque sabe que nadie la mira, ella no es importante, no gasta “Chanel”, no consume más que el aire que respira,
no tiene caricias, sólo miradas indiferentes y ciegas que le regalan el placer de la libertad.
La recuerdo desde siempre, paseando las calles del brazo de su madre vendiendo cupones de lotería. Era una mujer “normal”, pero la vida la dejó indefensa, tanto, tanto…que ya no le importa nada, sólo su gente, la que como ella no tiene nada, que al mismo tiempo disfrutan ante la carencia de una maleta llena y pesada que no vale para nada, sólo para doblar la espalda que impide volar por lo más alto, aunque esto implique la más grande miseria, de la que por mucho que lo intentemos nunca ningún ser humano nos vamos a escapar.No siento pena por ella; vive como quiere, hace lo que más le gusta, no tiene jaula. Ella vuela por mi ciudad, sin que nadie la vea.
Sólo son cosas mías…
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Pena
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